NO CONOZCO pasatiempo m谩s bonito que el de encontrarme parecidos con mi padre, que es la persona m谩s asombrosa que me he encontrado en este planeta. Justo hoy he dado con uno. 脡l sol铆a contar una an茅cdota de juventud, cuando un anciano del caser铆o Abarakos sinti贸 que le quedaba poca vida y le dijo:

—Nicasio, cuando muera, ¿ad贸nde ir茅 yo? ¡Al cielo no quiero ir, y en el infierno ya no queda sitio!

Mi padre contaba esa an茅cdota y romp铆a a re铆r, y no ha sido hasta hoy que he pensado que esa ocurrencia, Al cielo no quiero ir, y en el infierno ya no queda sitio, es un gran aforismo del estilo Oscar Wilde, formulado por un vecino en quien la hip贸tesis religiosa quiz谩 no fuera muy firme.

¿Y qui茅n es la que setenta a帽os despu茅s de que mi padre oyera ese aforismo llena la ciudad de Madrid con los suyos? La analog铆a parece lejana, pero no: primero hay que saber qu茅 es un aforismo bueno para poder escribirlos decentes, y mi padre se dio cuenta enseguida de que esa frase ten铆a electricidad.